VACACIONES MADRILEÑAS (3/3)
La consulta se encontraba vacía y
cuando, por fin, la médica llegó con una enfermera pensé que habría sido mejor
que no hubieran venido: cuatro manos para una nariz: torpes, le hacían daño,
negadas… no tengo ninguna duda en que yo mismo lo habría hecho mejor. Le
intentaron taponar la nariz, y digo intentaron porque fue un nulo esfuerzo.
Entonces nos dieron un volante y nos mandaron a Urgencias, donde esperamos más
de dos horas. Pasaba ya la hora de comer y seguíamos allí. Tengo que decir que
tampoco tengo mucho que objetar a los servicios de Urgencias: esperamos mucho
tiempo y se hizo pesado, puede también por las pocas horas de sueño y los
nervios y el cansancio acumulados, pero el marco que tenían en la sala de
espera era realmente deprimente: ni siquiera había asientos suficientes para
los pacientes, y los médicos y enfermeros/as no daban a basto. Finalmente, nos
llamaron cuando la abuela se empezó a marear por una mezcla del cansancio y la
pérdida de sangre. Estuvimos casi dos horas más y nos mandaron a casa.
Reflexionando en la cama, pensé
que aquello tenía mucho que ver con la privatización de la Sanidad; yo he
estado en hospitales privados y me han tratado maravillosamente bien, pero, ¿y
la gente que no puede permitírselo? ¿Llegará realmente el momento en el que el
marco de Sanidad español se equipare al estadounidense? Fervientemente deseo
que no. Fue un fin de semana duro para mí, pero necesario, pues fue entonces
cuando entendí de verdad el problema de los recortes –en este caso en Sanidad–
que rodean este país. Creo que si seguimos a este paso llegaremos y nos
llevarán a unos límites que, a día de hoy, no consigo imaginar. Es un mensaje del Ministerio de Sanidad, Gobierno de España.
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