lunes, 28 de octubre de 2013

Papá, quiero ser barrendero (1/2)

PAPÁ, QUIERO SER BARRENDERO

(1/2)

Desde que vamos al colegio soñamos con grandes empleos. Respondemos con orgullo a la pregunta ¿qué quieres ser de mayor? ¡Médico!, contesta uno rápidamente; ¡bombero!, replica otro; ¡astronauta! Sonríe el pelirrojo de la segunda fila. Todos sueñan con ser grandes figuras del futuro, famosos, gente importante. Hace poco leí en el periódico la historia de un joven que tenía dos carreras y un máster, todo un cerebrito; ese chico vive en Londres, y trabaja de friegaplatos en un restaurante de la ciudad, todo un triunfo, vamos. Imagino a ese chico respondiendo esa pregunta cuando tan solo era un niño y ante sus ojos divisaba un futuro lleno de éxitos: ¡quiero ser friegaplatos! Respondía orgulloso.


La tasa de paro en España se encuentra ahora muy poco por debajo del 26%. Deberíamos estar contentos, ¿no? “Eshpaña esh un paísh de Pymesh”, que diría nuestro presidente. “Esh inevitable ajushtar el preshupueshto para reducir el déficit”, “nosh tienen cogidosh por losh huevosh”; ah no, que eso último no lo dijo, podréis perdonarme. Eso sí, el Gobierno ni siquiera valora la posibilidad de suprimir los sueldos vitalicios a los ex presidentes de este país, a los que quedan por llegar y ni menciona los gastos que los diputados generan en las arcas del Estado. Todos los ex presidentes cobran más de 70.000 € al año por dirigir, con mayor o menor fortuna, este país. El gasto ocasionado por los diputados, senadores, ex presidentes y Dios sabe qué otros amables seres es de millones de euros anuales, pero esos gastos, cómo no, no se pueden ‘ajushtar’.


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