lunes, 14 de octubre de 2013

¿Y TÚ CÓMO TE LLAMAS?

En los últimos años hemos conocido más de una decena de grandes escándalos “sociales”, por así decirlo, comenzando con las estafas de S. E. Iñaki Urdangarín, duque consorte de Palma de Mallorca (16 millones en patrimonio), pasando por la caza de elefantes de su majestad el Rey en Botswana (que no volverá a ocurrir), los famosos sobres de Luis Bárcenas (47 millones en Suiza, no había sellos para más) o el inglés humillante – si me permiten la expresión – de su Ilustrísima Ana Botella.



Lo cierto es, nos guste o no, que estos fenómenos rodean nuestra sociedad, forman parte de ella y ofrecen una visión realmente degradante de un país como es España, pero lo que está claro es que la sociedad la formamos todos y, claro, tampoco podemos esperar mucho – discúlpenme si les molesta mi expresión – de un colectivo que, a falta de sentirse cuanto menos avergonzado, venera y parodia, por poner un ejemplo, el ‘speech’ de la legítima alcaldesa de Madrid.

No sé si se han fijado en que todos los personajes mencionados en el primer párrafo, a falta del ex tesorero del PP, llevan por delante un tratamiento concreto, un título que a estas alturas no dice mucho más que su apellido, pero que ofrece inmunidad ¿absoluta? a sus portadores. La única persona que no debe dicha mención a su apellido es la mujer del ex presidente José María Aznar (no digo que tenga algo que ver), y quiero pensar que ha llegado ahí por méritos propios; a saber si por su gran currículum o su elevado dominio sobre el idioma extranjero. Pero es verdad, no vamos a cebarnos con la buena de Ana, seguro que lo hace lo mejor que puede.


Ahora, si me permiten, les daré otro nombre: Emilia Soria. Puede que a primera vista este nombre no les suene de nada. Puede que sí recuerden la historia de aquella madre que, tras encontrarse una cartera en la calle, se gastó 193 euros que no eran suyos en comida y pañales para sus dos hijas. Usó la tarjeta dos veces más, y a la tercera fue la vencida.



Le cazaron, y fue condenada a una pena de un año y diez meses de prisión por delito de falsificación continuada de identidad (y más penas que se resumían en trabajos forzados). Después de un milagro la madre fue indultada. Puede incluso que no hayan caído en el detalle de que esta mujer no lleva ningún distintivo; es Emilia Soria, a secas.


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