¿Y
TÚ CÓMO TE LLAMAS?
En los últimos años hemos
conocido más de una decena de grandes escándalos “sociales”, por así decirlo,
comenzando con las estafas de S. E. Iñaki Urdangarín, duque consorte de Palma
de Mallorca (16 millones en patrimonio), pasando por la caza de elefantes de su
majestad el Rey en Botswana (que no volverá a ocurrir), los famosos sobres de
Luis Bárcenas (47 millones en Suiza, no había sellos para más) o el inglés humillante
– si me permiten la expresión – de su Ilustrísima Ana Botella.
Lo cierto es, nos guste o no, que
estos fenómenos rodean nuestra sociedad, forman parte de ella y ofrecen una
visión realmente degradante de un país como es España, pero lo que está claro
es que la sociedad la formamos todos y, claro, tampoco podemos esperar mucho –
discúlpenme si les molesta mi expresión – de un colectivo que, a falta de
sentirse cuanto menos avergonzado, venera y parodia, por poner un ejemplo, el
‘speech’ de la legítima alcaldesa de Madrid.
No sé si se han fijado en que
todos los personajes mencionados en el primer párrafo, a falta del ex tesorero
del PP, llevan por delante un tratamiento concreto, un título que a estas
alturas no dice mucho más que su apellido, pero que ofrece inmunidad ¿absoluta?
a sus portadores. La única persona que no debe dicha mención a su apellido es
la mujer del ex presidente José María Aznar (no digo que tenga algo que ver), y
quiero pensar que ha llegado ahí por méritos propios; a saber si por su gran
currículum o su elevado dominio sobre el idioma extranjero. Pero es verdad, no
vamos a cebarnos con la buena de Ana, seguro que lo hace lo mejor que puede.
Ahora, si me permiten, les daré
otro nombre: Emilia Soria. Puede que a primera vista este nombre no les suene
de nada. Puede que sí recuerden la historia de aquella madre que, tras
encontrarse una cartera en la calle, se gastó 193 euros que no eran suyos en
comida y pañales para sus dos hijas. Usó la tarjeta dos veces más, y a la
tercera fue la vencida.
Le cazaron, y fue condenada a una pena de un año y diez meses de prisión por delito de falsificación continuada de identidad (y más penas que se resumían en trabajos forzados). Después de un milagro la madre fue indultada. Puede incluso que no hayan caído en el detalle de que esta mujer no lleva ningún distintivo; es Emilia Soria, a secas.
Le cazaron, y fue condenada a una pena de un año y diez meses de prisión por delito de falsificación continuada de identidad (y más penas que se resumían en trabajos forzados). Después de un milagro la madre fue indultada. Puede incluso que no hayan caído en el detalle de que esta mujer no lleva ningún distintivo; es Emilia Soria, a secas.


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