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Según los últimos datos del INE
el número de parados en España es de 5.904.700, y mientras los recortes se
ceban con la Sanidad y la ‘Educación’ (lo entrecomillo porque ya no sé si
merece dicho título) nuestro querido presidente se rodea de 578 asesores
elegidos ‘a dedo’, 68 de los cuales no tienen el graduado escolar, vamos, un
circo del que todos nosotros somos espectadores de lujo. No imagino (ni quiero
hacerlo) qué clase de méritos les habrá hecho llegar a donde están, porque si
no es el graduado algo tendrán, digo yo. Los sueldos son cada vez menos dignos
y cada función del circo nos acerca más a los leones, temo que pronto seamos
nosotros los que les demos de comer, y que cuando no quede más nosotros
formemos parte del plato estrella o lo seamos. Y la verdad, soy de la opinión
de que esa es una realidad cada vez más cercana a nosotros.
Lo cierto es, como me decía mi
padre y algún que otro profesor, que como no seamos los jóvenes los que demos
un golpe sobre la mesa seguiremos comiéndonos los mocos, y lo que es peor,
saboreando los mocos del prójimo. Pero como ya he comentado alguna vez nosotros
somos muy dados a quedarnos sentados, de hecho en la última sentada que hice a
modo de protesta los señores que pasaban se reían; “pringaos”, pensarían. En fin,
llega un momento que hasta me da lástima.
¿Qué es del espíritu ‘patriótico’
que rodeaba a los jóvenes de hace unos años? Ahora la mayoría de la población
activa joven huye en busca de un trozo de pan porque aquí ya no hay de eso, y
el espíritu ‘patriótico’ se ha convertido en espíritu ‘expatriótico’. Cada vez
es más caro y tiene más gusanos. ¿Qué es de la ambición del trabajador que no
se conforma con determinado empleo? Eso sí, más nos vale conservar el espíritu
trabajador porque a este paso nos moriremos en la fragua, con ochenta años y un
nieto que cuando le pregunten en la escuela responderá con deseo: ¡quiero ser
barrendero!

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